EL FALOCRATA FELINO

Por: Hugo Alfonso Torres

Ilustración: Versión de Sitting Cat by Julie de Graag, 1918, The Rijksmuseum.

Estoy dándole vueltas al fenómeno felinezco que ronda cerca del Palacio de Nariño y empieza a mear por todas sus esquinas para marcar territorio.

Primero fueron unos periodistas incómodos y con su promocionado falo, mucho más grande que su cerebro, les orinó el patrimonio a través de demandas y Hackers, tratando de cerrar las ventanas de su inmundicia, para que no saliera a la calle el olor nauseabundo de sus negocios sucios.

No contento con esto, desató la jauría de gatos monteses, para que sus espuelas fálicas se enterraran en los medios virtuales que estos periodistas han logrado, ellos si, con el trabajo concienzudo de periodistas comprometidos con la Verdad.

Así Daniel Coronel tuvo que irse del país, los periodistas de Tercer Canal soportan las amenazas de embargo desde juzgados de Barranquilla y María Jimena debe hacer múltiples esfuerzos para recuperar su canal hackeado.

Obviamente el propósito es perfumar el hedor del orín del monumental falo que riega de detritus la democracia, cierra las puertas a la verdad e idiotiza manadas de gaticos y gatas callejeras, que solo atinan a lamer las latas desocupadas de conservas, pintadas de bailes de quinceañeras y espumas tóxicas.

Ya lo deseaba Vicky Dávila, que con toda la fé puesta en el Jazaro Naranja del norte, se arrodillaba ante la imagen del Violador Orange para implorar: «Trump, haz lo tuyo».

Claro, el pendejo Anaranjado, distraído como anda recordando fiestas Epstein, trató de cumplir el ruego, convertido en la búsqueda de una figura lo más parecida a él, encontrando un enano sin escrúpulos, probadamente antiético y le otorga todas las complacencias locales y transnacionales, a ese enano sin identidad, así como él, ayudándole en su propósito doblemente voraz, comerse las riquezas que ya le entregan Milei, Noboa y Bukele, además de perseguir falo en mano, a periodistas femeninas, jóvenes y decentes, reavivando los sueños de la Isla de la Fantasía.

Este charco asqueroso se nos estrella en el parabrisas del futuro y en nuestras manos está seguir sin panorámico, terminando en los acantilados de la mafia pederasta o, a una semana de la decisión, limpiar el vidrio de tanta inmundicia, para observar el camino con claridad.

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